miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cómo explicarle la muerte a un niño

El otro día comentando con unas compañeras este tema en el coche llegamos a la misma conclusión, no sabríamos qué hacer si ocurriese la muerte de un familiar cercano, cómo contárselo a los niños y cómo reaccionar... bueno, sí sabríamos, lo haríamos de forma natural, lo que nos saldría... pero no siempre esa respuesta es la mejor. 

Este es un tema que poca gente se plantea antes de tenerlo encima, la muerte es un tema tabú, en esta sociedad es de mal gusto hablar de la muerte, se evade el tema no se afronta, se tapa y se oculta. De echo cuando me he puesto a escribir el título de este post he pensado que no venía a cuento... pero es que creo que es realmente importante que nos preparemos para afrontarlo... en familia. 

En internet hay mucha información sobre el tema, es algo que a los padres les preocupa. Entiendo que la afectación es más profunda cuando el ser querido es alguien muy presente en la vida del niño y por eso estoy muy de acuerdo con lo que he ido leyendo sobre cómo afrontar la situación... de manera directa, sin tapujos pero con muuuuucho cariño y muuuuucha paciencia. 

¿Cómo podemos hablar de la muerte con nuestros hijos?
- Con amor y delicadeza pero sin titubear ni mentir.
- Explicando las cosas como son, sin tapujos con un lenguaje que el niño entienda pero sin fantasear.
- Respetando su mundo emocional, cada niño es un mundo y se lo tomará de una forma concreta.
- Sabiendo esperar, asimilarlo no es algo que se haga en 2 días.
- Escuchando mucho, todo lo que nos quieran decir y contar.
- Con mimos y caricias, el contacto físico es muy importante y más en estos casos.
- Sin temor, los niños son niños pero si se lo explicas tal cual ellos lo entienden.

Cuando ocurre una muerte se suele alejar al niño de la misma, se le lleva a casa de un amigo, lo alejamos del dolor... 
- Alejamos a la muerte porque a todos nos inquieta
- Sentimos la necesidad de alejarlos del dolor y del sufrimiento que supone porque queremos protegerlos. 

Algunos pedagogos y filósofos afirman que la enseñanza está derivando hacia lo que ellos llaman “una pedagogía de la infinitud”. En los proyectos educativos no se contempla ni el sufrimiento, ni el fracaso, ni la muerte. Los niños no están preparados para todo lo que sea inevitable y doloroso, así que, cuando se encuentran con alguna limitación, su frustración es tan grande y sus recursos son tan escasos que la posibilidad de una elaboración adecuada se hace tremendamente difícil. 

Hace unos meses murió Aylan, un pequeño niño de origen Sirio que fue un símbolo del que hoy parece que poca gente se acuerda. Pues ese día mi sobrina Malena de 6 años lo vio en la televisión y desde ese día tiene miedo a la separación. No puede dormir lejos de sus padres, llora y llora, se angustia por las noches si no está con ellos... Aylan no era de su familia pero Malena vivió el despertar a la muerte con una sola imagen. Mi hermana y mi cuñado llevan desde entonces intentando con mucho cariño que lo asimile, pero no es fácil. La niña lo pasa fatal y los padres también, claro. 



No es lo mismo cómo lo vive una niña de 3 años que una de 6.... 

Los niños entre 3 y 6 años
  • .  Creen que la muerte es temporal y reversible.
  • .  El concepto de insensibilidad post mortem está todavía en construcción: creen que la persona puede seguir viva, y experimentar sentimientos y sensaciones una vez fallecida (pueden vernos, escucharnos, mirarnos).
  • .  No creen que la muerte sea universal. Piensan que sus padres y ellos mismos no van a morir.
  • .  Interpretan de forma literal cualquier explicación que les demos sobre la muerte. Si se les dice que alguien ha ido al cielo preguntarán cómo pueden ir ellos también. 
Cada niño vive ese momento de manera diferente, yo por ejemplo, nunca he querido ver un cadaver porque en el funeral de mi abuelo le escuché decir a mi padre que mejor no me llevaran a verle porque me daría mucha impresión. Hoy es el día en el que temo a la muerte y todavía no me he tenido que enfrentar a ella cara a cara. 

El niño tiene su propio duelo, no hay que evitarlo. El niño se tiene que despedir, si no procede ver a la persona fallecida sí estar presente en su despedida. 

Tiene que ver que siempre hay un porqué de la muerte: un accidente, una enfermedad... y que es un final irreversible, que se ha ido para no volver. 

Los niños fantasean demasiado y si no les explicamos bien lo que ha pasado pueden incluso vivir pensando que se murió por su culpa... cualquier fantasía puede hacer imposible que el duelo tenga un final y le pueda provocar al niño un trauma de verdad. Hay que contar la verdad, ser sinceros. 

A los niños pequeños (más o menos hasta los 8 ó 9 años) les puede resultar aún más duro el proceso de asimilación y asunción de la pérdida porque, al no entender por completo lo que la muerte significa, sus temores, sus fantasías y su propio mundo emocional campan a sus anchas, angustiando al niño y pudiendo complicar su proceso de duelo, si no hay un adulto que le ayude y le clarifique

Los niños más mayores tienen otra forma de afrontar la muerte, incluso ellos mismo quieren participar en los rituales de despedida, lo que es importante es que en esos casos el niño siempre esté acompañado y explicarle bien el significado de cada rito en el que va a participar. 

Los niños entre los 6 y 10 años
  • .  Saben que la muerte es definitiva e irreversible.
  • .  Comprenden el concepto de insensibilidad post mortem.
  • .  Comprenden la diferencia entre vivir y no vivir utilizando términos biológicos para referirse a la muerte: no hay pulso, se deja de respirar, se para el corazón.
  • .  Saben que las personas mueren, pero que a ellos no les sucede. Hacia los 8 ó 9 años ya son capaces de comprender que ellos también se pueden morir.
  • .  Pueden preguntarse si ellos tuvieron algo que ver en la muerte de su familiar y desarrollar sentimientos de culpa.
  • .  Les inquieta que sus parientes puedan morir. Se preocupan mucho de que quienes les rodean se cuiden y no hagan cosas “peligrosas” o se enfermen.
  • .  Preguntan sobre las ceremonias y las creencias religiosas. Desarrollan mucho interés por los ritos funerarios y pueden mostrar el deseo de participar en ellos.
  • .  Hacia los 8 años un niño puede participar en las ceremonias de despedida si quiere. Es fundamental acompañarle y explicarle con antelación en qué consisten. 

Aquí os dejo una guía que me ha parecido muy interesante. Espero que no tengáis que echar mano de ella pronto. 

Abrazos! 

Hoy dedico esta entrada a mi sobrina Malenita. Tan sensible, tan niña. 

D



No hay comentarios:

Publicar un comentario