Me gustó especialmente una cunita de madera que se balanceaba, toda hecha a mano... es de esas cosas que no tienen precio y que puede pasar de padres a hijos... una herencia de familia como las de antes, porque en su día no existía Ikea y las cunas se hacían a mano de 1 en 1.
Esta es la maravilla... y no me resisto a poner alguna otra foto más de la feria de Markina con los trajes típicos, los puestos de verduras, las vacas y sus terneros... merece la pena ir a ver el ambientillo, sacar unas fotos y comer un talo con chorizo acompañado de un buen Txakoli.
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