miércoles, 10 de septiembre de 2014

Homenaje a la Estrellita Musical de Tomy

El mejor regalo que le hemos podido hacer a Alaia desde que nació nos costó solo 16 euros y llevamos usándolo 2 años y 3 meses TODAS LAS NOCHES.

Nos llevamos la estrellita a todas partes, siempre que dormimos fuera, así cuando se mete a la cama aunque no sea la suya siempre escucha la misma canción y ve las mismos dibujos... en casa de los aitites (abuelos), de vacaciones... no se nos puede olvidar.

Es un gran regalo. Crear una rutina de sueño es imprescindible para los más pequeños y escuchar todas las noches la misma melodía le da seguridad, de eso no tengo ninguna duda. Las luces se ven bien y el volumen es el adecuado. Las pilas duran bastante.

Me pasé 2 horas en una tienda de juguetes buscando un juguete musical, mi marido no se lo creía... pero yo sabía lo que estaba buscando, algo pequeño, fácil de transportar, con una melodía que durase por lo menos 10 minutos y que se apagase solo. 

Os presento a la Estrellita de Tomy. A veces la ponemos 2 o 3 veces seguidas pero la mayoría de las noches Alaia se duerme con solo 1 estrellita, como decimos nosotros, que dura 10 minutos.


 Esta entrada no es patrocinada, como todas las de este blog, no me pagan por escribir solo cuento mi experiencia. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Deja de gritar o por lo menos inténtalo...

Cuando leí este artículo en el blog de Rachel Macy Stafford Hands Free Mama me quedé impactada. 
Así de grandes nos ven ellos

Me vi dentro de unos años en la misma situación que su autora y más de una vez, en pleno momento de nervios, me he acordado de lo que decía y me ha ayudado a relajar el tono y las facciones. Porque la forma de mirar a los niños es tanto o más importante que lo que les decimos. 

Lo suscribo todo para no perdelo y volverlo a leerlo las veces que haga falta.



Traducido al castellano por Maia Fernandez. 

Como madre, le doy un gran valor a cada nota que recibo de mis hijas, ya sean garabatos indescifrables o cartas con caligrafía perfecta. Pero el Día de la Madre recibí de mi hija de 9 años un poema que significó mucho para mí. De hecho, la primera línea me hizo contener el aliento mientras cálidas lágrimas se deslizaban por mi rostro.
  • "Lo importante de mi mamá es... que siempre está ahí para mí, incluso cuando me meto en problemas."
    Verás, esto no fue siempre así.
    En el medio de mi vida extremadamente distraída, comencé una nueva práctica que era muy diferente a mi comportamiento usual. Me convertí en una gritona. No lo hacía siempre, pero eran momentos que vivía muy intensamente, como cuando se infla demasiado un globo y éste explota, causando sobresalto y temor.
    Pero ¿qué me hacía perder la calma ante mis hijas de 3 y 6 años? ¿Era que ella insistía en buscar tres collares más y sus anteojos favoritos cuando ya estábamos llegando tarde? ¿Era que quería servirse sola su cereal y tiraba la caja entera en la mesa de la cocina?
    ¿Fue que ella se tropezó y rompió un ángel de vidrio que era muy especial para mí, a pesar de haberle dicho que no lo tocara? ¿Fue que luchó como un boxeador para no dormirse justo en el momento en que yo más necesitaba paz y tranquilidad? ¿Será porque las dos pelearon por cosas insignificantes como por ejemplo, quien era la primera en salir del coche o la que tenía más salsa de chocolate en su helado?
    Si, eran ese tipo de cosas típicas que les suceden a los niños que me irritaban hasta el punto de hacerme perder el control.
    No es fácil reconocer esto. Así como tampoco es fácil revivir esa etapa de mi vida, porque, siendo honestos, me odiaba a mí misma cuando me sucedían esas cosas. ¿En qué me había convertido que tenía que gritar a las dos preciosas personitas que más amaba en la vida?
    Déjame contarte como era mi vida en aquel entonces:
    Mis distracciones:
    El uso excesivo del teléfono, la sobrecarga de compromiso, mis extensas listas de tareas, y la búsqueda de la perfección me estaban consumiendo. Y gritarle a los que amaba fue el resultado directo de la pérdida de control que estaba experimentando en mi vida.
    Inevitablemente, me derrumbé. Y lo hice precisamente en la intimidad de mi hogar, en la compañía de aquellos que eran lo más importante en mi vida.
    Hasta que un triste día…
    Mi hija mayor se había subido en un taburete y estaba buscando algo en la despensa cuando accidentalmente tiró un paquete entero de arroz en el piso. Una lluvia de diminutos granos se esparció en el suelo. Al ver eso, los ojos de la pequeña se llenaron de lágrimas. Y fue ahí cuando pude ver el miedo en sus ojos al prepararse para el regaño violento de su madre.
    “Me tiene miedo”,_pensé con la más dolorosa comprensión que te puedas imaginar. “_A mi hija de seis años le asusta mi reacción ante un inocente error.”
    Con una profunda pena, me di cuenta que no quería vivir así el resto de mi vida y que no era la madre que quería para mis hijas.
    A las pocas semanas de ese episodio toqué fondo. Fue un momento de dolorosa toma de conciencia que me impulsó en un viaje de liberación para desprenderme de las distracciones y comprender lo que realmente importaba en la vida. Fueron dos años y medio de ir reduciendo lentamente los excesos y las distracciones electrónicas…dos años y medio de liberarme de los estándares de perfección inalcanzables y de esa voz interna, guiada por las presiones sociales, que me decía “hazlo todo”.
    Cuando fui abandonando mis distracciones internas y externas, la ira y el estrés que tenía reprimidos dentro de mí lentamente se fueron disipando. Más alivianada, fui capaz de reaccionar ante los errores y malas acciones de mis hijas de una manera más tranquila, compasiva, y razonable.
    Por ejemplo, comencé a decir cosas como: “Es sólo jarabe de chocolate. No pasa nada, puedes limpiarlo y la mesa de la cocina estará como nueva” (En lugar de lanzar una mirada furiosa y poner los ojos en blanco)
    Me ofrecí a sostener la escoba mientras ella barría un mar de cereales que cubría el piso.(En lugar de quedarme de pie junto a ella con una mirada de desaprobación y absoluta molestia.)
    La ayudé a pensar donde podrían estar sus lentes. (En lugar de quejarme por su irresponsabilidad).
    Y en los momentos en que el agotamiento y la rabia estaban a punto de ganarme, entraba en el cuarto de baño, cerraba la puerta y me tomaba un momento para respirar profundamente y recordarme a mí misma que son niños, y los niños cometen errores. Así como yo también los cometía.
    Con el tiempo, desapareció el temor que una vez brilló en los ojos de mis hijas cuando estaban en problemas. Y gracias a Dios, me convertí en un refugio al cual acudir en tiempos difíciles, en vez de ser un enemigo de quien huir y esconderse.
    No sé si hubiera escrito sobre esta profunda transformación si no fuera por el incidente ocurrido el último lunes. En ese momento saboreé cuan abrumadora puede ser la vida y cómo las ganas de gritar pueden apoderarse rápidamente de mí. Estaba terminando los últimos capítulos del libro que actualmente estoy escribiendo y mi computadora se trabó.
    De pronto los últimos tres capítulos que había estado corrigiendo desaparecieron frente a mis ojos. Pasé algunos minutos tratando de volver a la última versión del manuscrito. Cuando eso falló, intenté buscar si tenía guardada una copia de seguridad en la computadora. Al darme cuenta que nunca iba a recuperar el trabajo, me dieron ganas de llorar, y aún peor… quise rugir como un león.
    Pero no pude porque ya era la hora de recoger a los niños de la escuela y llevarlos a natación. Con gran moderación, cerré mi laptop muy tranquila y me recordé a mí misma que podría haber tenido un problema mucho peor que volver a escribir estos capítulos. Entonces me dije: no hay absolutamente nada que pueda hacer sobre este problema en este momento.
    Cuando mis niños entraron al auto, inmediatamente se dieron cuenta que algo andaba mal. “¿Te pasa algo, mamá?” Me preguntaron al unísono, después de haber tomado un vistazo de mi pálido rostro.
    Sentí ganas de gritar: “¡Perdí tres días de trabajo en mi libro!”
    Tuve ganas de pegarle un puñetazo al volante porque el último lugar donde deseaba estar era sentada en el auto. Quería ir a casa y arreglar mi libro, no llevar a las niñas a natación, escurrir sus trajes de baño mojados, peinar sus cabellos enredados, hacer la cena, lavar los platos y acostarlas.
    Pero en lugar de eso, dije con calma: “Me pone mal hablar en este momento. Perdí parte del libro que estoy escribiendo. Y no quiero hablar porque me siento muy frustrada”.
    “Lo sentimos mucho”, dijo la mayor. Y entonces, como si supieran que yo necesitaba soledad, se quedaron tranquilas todo el tiempo que estuvieron en la piscina. Durante el resto del día estuve más calmada que nunca, no les grité e hice mi mayor esfuerzo para no pensar en el asunto del libro.
    Al final del día, después de acostar a mi hija menor me senté al borde de la cama de la mayor para conversar un rato con ella.
    “¿Piensas que podrás recuperar tus capítulos? Me preguntó.
    Y ahí fue cuando comencé a llorar, no tanto por los capítulos perdidos, ya que sabía que los podría reescribir. Sino que mi angustia tenía más que ver con lo agotador y frustrante que puede ser escribir y editar un libro. Había estado tan cerca del final. Sentir que se me había arrebatado esa posibilidad fue increíblemente decepcionante.
    Para mi sorpresa, mi hija se acercó y me acarició el pelo suavemente mientras me decía unas palabras muy tranquilizadores: "Las computadoras pueden ser muy frustrantes", "Yo podría echar un vistazo para ver si podemos recuperar los capítulos.” Y finalmente: "Mamá, tu puedes hacer esto. Eres la mejor escritora que conozco", " Te ayudaré en todo que pueda".
    En mis momentos difíciles, allí estuvo ella alentándome, muy paciente y compasiva, sin aprovecharse jamás de mi momento de debilidad.
    Mi hija no habría aprendido nunca a ser empática si yo hubiera seguido siendo una gritona. Los gritos apagan la comunicación, rompen los vínculos, hacen que las personas se separen en lugar de acercarse.
    "Lo importante es... que mi mamá siempre está ahí para mí, incluso cuando me meto en problemas."
    Lo importante es… que no es tarde para dejar de gritar.
    Lo importante es… que los niños perdonan, especialmente si ven que la persona que aman está tratando de cambiar.
    Lo importante es… que la vida es muy corta para enojarse por pequeñeces como el cereal derramado o zapatos fuera de lugar.
    Lo importante es… que no importa lo que pasó ayer, hoy es un nuevo día.
    Hoy podemos elegir responder pacíficamente.
    Cuando lo hacemos, le estaremos enseñando a nuestros hijos que la paz construye puentes, puentes que nos llevarán lejos de los problemas.





Quién soy?

Este blog va a cumplir 2 años y medio y todavía ni me he presentado. Me llamo Amaya Milara, soy técnico de marketing, tengo 34 años y muchas ganas de hacer cosas entre ellas este blog. 

Soy madre de una niña de 3 años, Alaia y de una de 1 año, Ariane. Todo con A.

Esta aventura empezó como una forma de recabar información de internet, miles de páginas interesantes a las que accedía una detrás de otra y luego se me olvidaban... Con este blog siempre tengo a mano aquella información que me pareció interesante en su día... Además empecé a escribirlo como una forma de ayudar a mis amigas cuando les llegara el momento de tener hijos... ese momento ya ha llegado. 

Este blog, no trata sobre la vida de mis hijas ni sobre la mía en la mayoría de las entradas, sin embargo a veces es inevitable mencionar momentos de mi propia maternidad aún no siendo un diario. Las vivencias en una maternidad consciente de 2 niñas son muchas y enriquecedoras por lo que comparto lo que creo que puede ser de interés general. 

Es mi grano de arena para intentar mejorar una sociedad que a veces parece que cierra los ojos ante las barbaridades que ocurren casi siempre por infancias llenas de ausencias. 

Mi página en Facebook es Trukitos de Amatxu y soy administradora de un grupo cerrado que se llama Aprendo Jugando en el que compartimos juegos y juguetes interesantes y al que te invito. 

En Twitter soy @amatxula. 

Me puedes escribir sin ningún problema a mi mail, amayamilara@gmail.com y estaré encantada de ayudarte si tienes cualquier duda acerca del blog o de tu maternidad o paternidad. 

Siempre viene bien un consejito ajeno, un Trukito de Amatxu.

jueves, 28 de agosto de 2014

Esfera sonajero DIY

Estaba buscando en internet una esfera sonajero que compró mi suegra pero no la encuentro... en su lugar he encontrado este tutorial en la Tienda con Mamá para hacer una casera que me ha gustado mucho. A ver si me animo y la hago... si lo consigo lo publicaré para que veais el resultado.


martes, 26 de agosto de 2014

Las palabras de nuestros padres se hacen realidad

Hace tiempo que no escribo, me lo he tomado de relax estas vacaciones con mis dos fieras. Desde luego que ahora pienso que el salto a la maternidad se da con el segundo hijo... si el primero es tranquilo casi ni te enteras pero el segundo... es otra historia y siempre te toca uno :)

Como no tengo tiempo de escribir decentemente (tengo 16 borradores empezados y ninguno acabado) solo os dejo una reflexión, cabo de leer este artículo de Laura Gutman (sabéis que me encanta y me inspira) y me ha parecido tan escueto como impresionante.

Las palabras de nuestros padres (Mayo 2014) por Laura Gutman



Los niños creemos en nuestros los padres. Cuando nos han dicho una y otra vez que somos encantadores, príncipes o princesas de la casa, que somos hermosos, listos, inteligentes y divertidos, nos convertimos en eso que dicen que somos. Por el contrario, cuando nos dicen que somos tontos, mentirosos, malos, egoístas o distraídos, obviamente respondemos a los mandatos y actuamos como tales.  Aquello que nuestros padres  -o quienes se ocuparon de criarnos- nos han dicho, seconstituye en lo más sólido de nuestra identidad.
Los niños no suficientemente mirados, mimados, apalabrados y tomados en cuenta por nuestros padres, daremos mayor crédito a nuestras discapacidades. Y sufriremos. Si tenemos baja autoestima, si sufrimos vergüenza, si nos creemos malos deportistas, malos estudiantes o incapaces en cualquier área, si usulmente sentimos que no estamos a la altura de las circunstancias, si nos cuesta hablar o vincularnos con otros, es porque hubiéramos necesitado que alguien accione a favor nuestro. Para colmo nos han exigido que asumamos solos nuestros problemas cuando aún eramos niños. Ha pasado el tiempo y con estas creencias hemos devenido adultos.
Cuando nos llega el turno de hacernos cargo de nuestros hijos, no contamos con el acceso espontáneo para reconocer las virtudes de los niños. Sin embargo tendremos que aprender a decirles que es valioso que siempre digan la verdad. Que nunca traicionarían a un amigo. Que con incapaces de lastimar a otro. Que son generosos y tolerantes. Decirles a los niños que son hermosos, amados, bienvenidos, adorados, nobles, bellos, que son la luz de nuestros ojos y la alegría de nuestro corazón; genera hijos seguros, felices y bien dispuestos.  Es posible que las palabras bonitas no aparezcan en nuestro vocabulario, porque jamás las hemos escuchado en nuestra infancia. En ese caso, es tiempo de aprenderlas.
Si hacemos ese trabajo ahora, nuestros hijos -al devenir padres- no tendrán que asumir esta lección. Porque surgirán de sus entrañas con total naturalidad las palabras más bellas y las frases más gratificantes hacia sus hijos. Y esas cadenas de palabras amorosas se perpetuarán por generaciones y generaciones, sin que nuestros nietos y bisnietos reparen en ellas porque harán parte de su genuina manera de ser. Pensemos que es una inversión a futuro con riesgo cero. De ahora en más… ¡sólo palabras de amor para nuestros hijos! Gritemos al viento que los amamos hasta el cielo. Y más y más.
Corroboro cada una de sus palabras y me doy cuenta de que lo he vivido en primera persona, gracias a mis padres, en positivo.

Lo que te dicen de ti, "el rol" que te otorgan la mayoría de las veces se hace realidad. No es cuestión de mentir sino de omitir muchas veces lo malo para resaltar lo positivo y reforzarlo. Así cada uno sabe las cartas que tiene para jugar. Es importante hacer que ese papel sea la imagen fiel de la personita que crece a tu lado sin exagerar ni en lo bueno ni en lo malo... que sepa quien es pero sobre todo en quien se convertirá.